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Por: German Botero - Todo el mundo lo mira. La gente joven, la gente mayor y claro, los niños. Su estilo deportivo y su color rojo brillante lo hacen bien llamativo. Pero no sólo es eso lo que lo hace apasionante. Un motor V10 con 600 caballos de fuerza, ganador de la 24 Horas de Daytona, ganador en su clase en Le Mans y además registra tiempos más rápidos que un Porsche GT3 y hasta un Nissan GT-R; no está mal para ser un auto hecho en los Estados Unidos.

Los choferes de otros grandes deportivos como Lamborghini y Ferrari lo admiran inmensamente: tal vez en sólo pensar que cuesta alrededor de $90.000 y que comparado con estos otros modelos que fácilmente valen el doble de este, pues es una buena compra.
En su interior uno esta confinado a un pequeño espacio donde el timón y los pedales lo hacen sentir como si estuviera manejando un auto tipo Fórmula.

Una caja de cambios dura de usar a bajas velocidades, más, cuando se le aprieta el acelerador es muy rápida y precisa. Los instrumentos incluyen muchos medidores de temperaturas (aceite y agua), presión de aceite así como el medidor de velocidad (que afortunadamente casi no se ve) y otros instrumentos básicos como medidor de amperaje y una radio que se puede encontrar en el Toyota mas básico (pero con buena potencia).

Este modelo no trae tantas opciones pero si incluye un tanque de gasolina de 16 galones, frenos antibloqueo, llantas Michelin de 19 pulgadas, timón ajustable cubierto en cuero. Los dobles exostos lo hacen también muy llamativo no sólo por su estilo sino por el sonido que produce, claramente mostrando un súper-deportivo.

Este modelo fue en realidad el que trajo a la Chrysler a competir (1992) en el mercado de los Súper-Carros que anteriormente era dominado por modelos como el Corvette. Convertible, asientos para dos, sin tantos aditamentos y un gran motor de 8.4 lts. que lo hace el rey en su renglón. De 0 a 60 mph en menos de 4 segundos y con unas llantas que miden 13 pulgadas de ancho… Hay bastante de donde agarrarse.















